Sobre peix

peix (pez, en catalán) es una marca de cerámica contemporánea que ofrece objetos cotidianos con diseños singulares. Formas simples, objetos originales y con un punto desconcertante, que inviten a mirar dos veces, sin renunciar a la funcionalidad.

El sello de la marca es la silueta de un pez. Me gusta firmar a mano cada pieza para que el pez no quede nunca igual. Lo concibo como una metáfora de mi trabajo cerámico: de la misma forma que en el mar no hay dos peces iguales, en el taller no hay dos firmas ni dos piezas idénticas.

Cerámica presente

adj. Persona que se encuentra en el lugar donde está otra persona, en el lugar donde sucede algo, en el lugar donde debía estar.

adj. Periodo de tiempo que transcurre en el momento en que se habla.

m. Aquello que se ofrece como obsequio a alguien; regalo.

Artesana

Soy Irene Manresa Mallol, la artesana detrás de peix. Nací en La Seu d’Urgell en 1974. Durante muchos años viví en Barcelona y trabajé de diseñadora web.

Mi historia con la arcilla se remonta a finales de los años 90. Desde entonces, el torno se ha convertido en mi técnica predilecta y mi gran pasión como artesana. Aprendí a tornear de la mano de Marc Vidal y posteriormente, mi dedicación al oficio me ha llevado a realizar múltiples formaciones para dominar distintas técnicas y elevar la calidad de mi trabajo.

En 2023, ya en La Seu de nuevo, abrí mi propio taller de cerámica desde donde trabajo mis creaciones para la marca peix, realizo encargos para otras personas y doy clases de torno y modelaje.

Miniatura del vídeo de fondo

Proceso de trabajo

Mi proceso siempre comienza lejos del barro, con la idea. Lápiz en mano, pienso y diseño las piezas, simplificando la forma hasta conseguir el mínimo funcional posible.

Cuando el diseño está claro, paso al taller. Allí, selecciono la materia prima en función de la pieza que quiera realizar: trabajo tanto pastas de baja temperatura (como el barro rojo, la loza o el barro negro) como de alta temperatura (gres en diversos colores).

La arcilla y yo nos encontramos en el torno, donde le doy la forma deseada. La pieza recién creada debe secarse lentamente hasta adquirir la consistencia de «dureza de cuero». Es entonces cuando regresa al torno para los detalles finales: refinar la forma, crear el pie o los encajes, y pulir el exceso de barro con mis herramientas. Tras este pulido, firmo la pieza y le añado los complementos o la pintura, si es necesario, antes de dejarla secar completamente para su primera cocción. Finalmente, la esmalto si es el acabado que busco y la vuelvo a hornear.

En medio de este proceso las piezas se rompen, se tuercen, se secan demasiado o les cuesta secarse, el esmalte se cuartea, las asas se agrietan, la paciencia se acaba y, a veces, hasta el video de Instagram sale torcido. Pero esto también forma parte del oficio y forma parte del aprendizaje para que otras piezas sobrevivan y lleguen a puerto.

La artesanía nos invita a un consumo más tranquilo y respetuoso, donde la dedicación y la espera vuelven a tener valor. Cada objeto cerámico es un vínculo con la tradición y la cultura que nos han transmitido el oficio, y con la persona que hay detrás: su esfuerzo, su cuidado y su creatividad.